viernes, 18 de noviembre de 2016
Alegoría dialéctica
Acércate, te contaré una historia.
— ¿De qué tipo?
Sólo ven y escucha lo que digo.
Escucha sin ánimo presuntuoso de sorpresa o hastío.
Sólo ven y escucha lo que digo.
Escucha la historia del alma penumbrosa de un hombre perdido.
Pero, ¡oh! Cuán triste es hablarle a un hombre sin oído.
Sólo ven y escucha lo que digo.
Dime, ¿atenderás a mi desdicha?
Dime, ¿o huirás sin rechistar?
Una buena historia necesita de repliegues y de artimañas.
De música y de bailes.
De silencios y de lágrimas.
De engaños y de verdades.
¿Por qué, entonces, niegas su descubrimiento?
¿Temes perderte fatalmente en sus adentros?
No, joven ingenuo.
Nada de lo que sea dicho, repercusiones al espíritu tendrá.
Nada de lo que de mi boca pueda salir, influencia despertará.
Sólo ven y escucha lo que digo.
¿Es el amor una enfermedad,
o simplemente está maldito?
Desgraciados los amantes que idealicen a su ser más querido.
Bienaventurados aquellos a los que pertenece el olvido.
Sólo ven y escucha lo que digo.
Entrañable es la finitud del tiempo aletargado.
Execrable la moral de los actos, los cuales han manchado.
Sólo ven y escucha lo que digo.
Permanece inmutable, callado.
Presta atención, joven desventurado.
Cuán estúpido, cuán desahuciado.
Las palabras son para ti aún un tesoro desconocido.
Sólo ven...
y abstente de escuchar lo que digo,
pues sin pasión, ni esto, ni yo existo.
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Solo con escuchar se atesoran las palabras, el emisor se libera, el receptor empatiza. Buen escrito. (:
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