Senescencia textual
viernes, 18 de noviembre de 2016
Alegoría dialéctica
Acércate, te contaré una historia.
— ¿De qué tipo?
Sólo ven y escucha lo que digo.
Escucha sin ánimo presuntuoso de sorpresa o hastío.
Sólo ven y escucha lo que digo.
Escucha la historia del alma penumbrosa de un hombre perdido.
Pero, ¡oh! Cuán triste es hablarle a un hombre sin oído.
Sólo ven y escucha lo que digo.
Dime, ¿atenderás a mi desdicha?
Dime, ¿o huirás sin rechistar?
Una buena historia necesita de repliegues y de artimañas.
De música y de bailes.
De silencios y de lágrimas.
De engaños y de verdades.
¿Por qué, entonces, niegas su descubrimiento?
¿Temes perderte fatalmente en sus adentros?
No, joven ingenuo.
Nada de lo que sea dicho, repercusiones al espíritu tendrá.
Nada de lo que de mi boca pueda salir, influencia despertará.
Sólo ven y escucha lo que digo.
¿Es el amor una enfermedad,
o simplemente está maldito?
Desgraciados los amantes que idealicen a su ser más querido.
Bienaventurados aquellos a los que pertenece el olvido.
Sólo ven y escucha lo que digo.
Entrañable es la finitud del tiempo aletargado.
Execrable la moral de los actos, los cuales han manchado.
Sólo ven y escucha lo que digo.
Permanece inmutable, callado.
Presta atención, joven desventurado.
Cuán estúpido, cuán desahuciado.
Las palabras son para ti aún un tesoro desconocido.
Sólo ven...
y abstente de escuchar lo que digo,
pues sin pasión, ni esto, ni yo existo.
lunes, 7 de noviembre de 2016
Las historias de los hombres
Las historias de los hombres son historias de ira, historias de coraje. Historias impregnadas con pasión rebosante, historias que motivan a seguir adelante. Historias contadas por viejos sabios se difunden en medio de voces inmortales, cuyas enseñanzas reconfortan al espíritu ansioso. Historias que construyen a cada ser y encaminan sus incandescentes vidas. Bajo puntos de partida, de éxitos, de finales y fracasos, entrelazados en sollozos y alegrías, frustraciones y enojos; cada hombre es una historia, cada hombre obra al compás de su propia melodía. Cada hombre es un anhelo de aventura, de libertad. Cada hombre es materia de sueños, tan numerosos como las mismas estrellas en el solemne firmamento; cada hombre es materia de miedos, tan variados como olores y sensaciones en el mundo. Sin embargo, compuestos están también de espíritus indomables e inquebrantables voluntades. Sus historias se transmiten entre generaciones, atraviesan el tiempo con firmeza, transmutan costumbres, crean culturas; construyen cimientos de conocimiento y riqueza. Cada hombre emana de sí la esencia de la bondad, de la compasión y la pureza. Cada hombre es la cuna de resplandor solar, que con destellante fulgor penetra hasta la más espesa tiniebla. Es así como su destino forja con resiliencia, entre áridos desiertos y violentos oleajes, en embarcaciones fuertes, otras frágiles; enfrentan obstáculos y adversidades, más sin ceder continúan perseverantes con su insondable travesía.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)